DETERMINANTES DE LA VELOCIDAD LECTORA

Son muchos los factores que influyen en la velocidad de lectura de las personas. De éstos, el primero que vamos a contemplar es la vista, determinante puramente fisiológico. Durante la lectura, los ojos no se desplazan de forma continua por los renglones, sino que van dando «saltos», en cada uno de los cuales abarcan un determinado número de palabras. A cada uno de estos saltos se les da el nombre de "fijación"; así, una fijación es el número de palabras que cada persona abarca en un golpe de vista, número que varía de unas personas a otras. En cada fijación los ojos permanecen quietos, porque es necesario para poder leer, operación en la que invierten un cuarto de segundo aproximadamente. Por tanto, la velocidad de lectura dependerá, de una parte, de la velocidad de la vista y, de otra, del número de palabras que se capten en cada fijación. Si una persona realiza ocho fijaciones por línea, empleará el doble de tiempo en leer el mismo texto que una persona que realice cuatro fijaciones por línea. Cuanto menor sea el número de fijaciones por renglón, mayor será la velocidad y mejor la comprensión.

La lectura es posible gracias a un doble proceso: el perceptivo y el comprensivo. E1 perceptivo consiste en captar una información y mandarla al cerebro, operación que se hace a través de 1a vista (exceptuando los casos de ceguera, que se hace a través de las manos, lo cual sigue constituyendo un proceso perceptivo). En el cerebro se produce el segundo proceso, el comprensivo que consiste en decodificar un sistema de señales e interpretar unos símbolos abstractos. Si no se domina dicho sistema, la lectura será lenta y con un nivel de comprensión muy reducido, en el supuesto de que llegue a producirse. La siguiente figura ilustra la interacción entre ambo procesos.

La velocidad depende de la interacción entre el proceso perceptivo y el proceso comprensivo de tal manera que, a mayor velocidad, se producirá una mejor comprensión, lo que, a su vez permite ir más rápido. Quizá convenga recordar que no es mejor lector el que lo lee todo muy rápido, sino el que (como se ha dicho anteriormente) adapta su velocidad a las necesidades dc cada momento. Dentro de éstas es donde tiene sentido la afirmación anterior.

Son muchas las personas que entre ambos procesos incluyen dos pasos completamente innecesarios para la velocidad y que perjudican notablemente la comprensión, como se representa en la figura que sigue.

Ya hemos visto que para leer sólo se precisa percibir y entender, cosa que no ocurre en este caso, porque el lector, después de percibir, pronuncia y se escucha, tras lo cual entiende, con lo que la comprensión no se produce de forma directa mediante la visión, sino de forma , o sea, a través del oído. A este hábito se le llama vocalización. El mantenimiento de las vocalizaciones en la lectura impide que la velocidad pueda aumentarse, pues queda constreñida a los estrechos límites que impone esta secuencia.

La subvocalización consiste en repetirse mentalmente lo que se va leyendo, como si el lector se estuviese leyendo a sí mismo manteniendo un lenguaje interior que interfiere en la interacción percepción-comprensión. No resulta fácil conocer si una persona realiza subvocalizaciones, salvo por sus consecuencias, pues la velocidad no supera las doscientas cincuenta palabras por minuto. Personalmente se puede intentar saber si uno está realizando subvocalizaciones durante la lectura poniéndose las yemas de los dedos en la parte exterior de la laringe. Si se detectan los movimientos producidos por los órganos fonadores es señal inequívoca de que sí se realiza la subvocalización.

Otro determinante de la velocidad son las . Una regresión consiste en volver a leer una palabra, ya leída, que se entiende, que forma parte del vocabulario habitual del lector y de su propio idioma. las regresiones son voluntarias y refieren a un solo renglón. Cuando la palabra es desconocida o pertenece a otro idioma, volver a leerla puede ser necesario para que la percepción sea buena y posibilitar la comprensión. Relacionado con las regresiones está el vocabulario del lector. Cuanto más amplio sea éste, más rápidamente se producirá la lectura. Normalmente las regresiones son completamente innecesarias e inútiles, dificultan la comprensión y disminuyen la velocidad.

Conviene no confundir las regresiones con los retrocesos. Por retroceso se entiende cuando se vuelve a leer un párrafo ya leído, lo que con frecuencia resulta necesario para entender lo que en él se dice. Hay que evitar los retrocesos innecesarios, puesto que si está entendido lo que se ha leído, no aportan ningún beneficio a la comprensión y suponen una pérdida de tiempo considerable.

La velocidad lectora también se encuentra determinada por la práctica diaria. Una persona que lea todos los días dispondrá de buenos hábitos de lectura. Podrá realizar el proceso perceptivo con mayor eficacia, en la medida en que el reconocimiento de los símbolos y las señales se mejora con el ejercicio, y con ello mejorará el proceso comprensivo. De igual manera habrá suprimido los movimientos corporales que pueden observarse en personas carentes de esta práctica (movimientos de la cabeza en el sentido de la lectura, guiarse con el dedo...) y que dificultan la lectura. Para leer sólo es necesario mover los ojos. La cabeza, así como el resto del cuerpo, ha de permanecer quieta, lo cual no debe entenderse como que para leer haya que estar corporalmente rígido, pues tendrán que moverse, por ejemplo, brazos y manos para pasar las páginas, sino que se han de eliminar todos los movimientos innecesarios y centrarse exclusivamente en los contenidos.

También se han de tener en cuenta las condiciones ambientales y personales, tal y como se ha ido señalando en capítulos precedentes, que constituyen otro importante grupo de determinantes, tanto de la velocidad como de la comprensión.

ANTERIOR   PÁGINA DE EJERCICIOS     PÁGINA PRINCIPAL  SIGUIENTE