BREVE INTRODUCCIÓN SOBRE LA LECTURA.

Vivimos en una época en la que parece existir un predominio total de la telemática (que es el resultado de la conjunción de las nuevas tecnologías de la telecomunicación y los ordenadores) sobre los libros o sobre el papel impreso. Pero al margen de que sea cierta esta dominación, lo que sería muy discutible si tenemos en cuenta el número de publicaciones anuales de libros, revistas, periódicos, monografías, etc., que se realizan en nuestro país y en el resto del mundo, la realidad es que, hoy por hoy, la mayor parte de los conocimientos adquiridos por los estudiantes se producen justamente a través de la lectura y no por la utilización de otros medios, los cuales, dicho sea de paso, no son excluyentes de la lectura, sino complementarios de ésta, o, si se quiere, a la inversa. El estudio actual se realiza mediante la lectura en un porcentaje elevadísimo; a mucha distancia, le sigue la asistencia a clase, las prácticas, la toma de apuntes y el resto de actividades desarrolladas por los estudiantes. A pesar de esta evidencia, la lectura suele quedar relegada a un segundo plano dentro de la formación académica, no se le da la importancia que tiene, pues su enseñanza y adiestramiento se limita a los primeros años de la escolaridad sin que haya una continuidad posterior.

Leer bien, dominar todas las habilidades que requiere la lectura, es imprescindible para cualquier persona que esté estudiando o desee estudiar, lo cual requiere un largo proceso de aprendizaje, que normalmente comienza en la escuela, pero debe ir seguido de una práctica sistemática, de una gran dedicación y de una formación continuada que quizá no termine nunca, dado que la lectura es uno de los comportamientos intelectuales más complejos al que puede llegar el ser humano. Hasta tal punto es importante la lectura que muchas de las dificultades por las que pasan un importante número de estudiantes dimanan de sus deficientes habilidades como lectores, deficiencias que suelen provocar problemas de comprensión, de retención y de elaboración y que llevan aparejado un empleo excesivo de tiempo, acumulación de cansancio y fatiga por el esfuerzo que acarrea e, incluso, pensamientos irracionales del tipo «debo ser tonto porque no me entero de nada», «yo no sirvo para estudiar», etc., con el consiguiente deterioro del autoconcepto y el riesgo más que posible de abandonar los estudios. Puesto que el estudio es,  fundamentalmente abstracto-verbal, resulta absolutamente imprescindible saber leer bien.

 

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